Una escala en Medellín de la vuelta al mundo en una bicicleta

Tres bicicletas se han gastado por el mundo desde que el argentino Pablo García, guía turístico en Brasil, partió en su aventura de recorrer países pedaleando. Aluminio y acero, metales gastados; dos cadenillas que alterna cada 1.500 kilómetros para que se deformen parejo hasta ajustar 15.000, dos veces la distancia más larga en línea recta por Suramérica.

Acompañar su pedaleo por algunos kilómetros después de 135.328 que lleva por 91 países es escuchar piezas que chirrían, que resbalan y ya no traccionan bien con la fuerza que se necesita en cualquier pendiente de Medellín. No solo el ciclista tiene que recuperarse en su parada de un par de semanas en la ciudad antes de seguir el camino. También la máquina que, cargada, pesa 85 kilos, lo que pesan la mía y otras 10 iguales.

Faltan 25.000 kilómetros más de su vuelta al mundo.

Cuenta que salió de Maceió, nordeste de Brasil, huyendo de la rutina, la seguridad y la estabilidad. “Eran las cosas que me apartaban de lo que yo quería hacer y por lo que me había ido de Argentina”, dice.

Carga con todo lo que juzga necesario para tener libertad: una carpa, una bolsa de dormir, una pequeña cocina. Así decide dónde parar y cuándo irse.

“Es un medio de transporte económico y saludable. Desde chico tuve curiosidad por conocer lugares distantes y se me metió esta idea de conocer el mundo”.

De qué se vive

La aventura empezó en 2001. Al principio tenía patrocinadores argentinos que aportaban cada mes para el sostenimiento de la travesía, pero duraron muy poco por la crisis económica que se desató ese año en su país. Cuenta que entonces, para continuar, visitó empresas privadas en cada país.

“Conseguí patrocinadores en África, Medio Oriente y en Asia. Paradójicamente en los países occidentales encontré más burocracia”.

Escribió un libro en inglés contando su aventura. Lo vendió en Australia, Nueva Zelanda y Norteamérica, y hace un año una productora realizó un documental sobre su viaje, lo que le ha generado recursos.

La vida es la ruta

Ya son 13 años pedaleando por cinco continentes. Desde Sudáfrica hasta Egipto por la costa este de África en 27 meses. Medio Oriente. Dos años en Europa le sirvieron para recorrer 30 países. De nuevo al Medio Oriente, de paso hacia Asia, donde la ruta duró otros cuatro años y lo llevó a destinos tan distantes como Mongolia, Japón y el Tíbet. Por el sudeste asiático hacia Australia, Nueva Zelanda y algunas islas cercanas sobre el océano Pacífico, seis meses duró el paso por Oceanía.

“En junio de 2012 empecé a bajar desde Alaska. He pedaleado por las costas oeste y este de Norteamérica, crucé Centroamérica en época de lluvias y aquí, a Colombia, llegué por Cartagena, desde Panamá. Me fui por el Caribe para Venezuela y volví atravesando por Cúcuta, Bucaramanga, Villa de Leyva, Bogotá y llegué a Medellín”, anota.

Del recorrido que falta planea tomar un avión a Curazao, recorrer el Caribe, subiendo a cuanto barco pueda para ir de isla en isla hasta llegar a Cuba. De allí, planea volver en un vuelo a Bogotá, recorrer el Eje Cafetero, Cali, Ecuador, Perú, la región del Amazonas desde Manaos hasta Guyana, pasar de nuevo el litoral de Brasil, donde inició su viaje, ir a Bolivia y Chile, haciendo un zig zag entre pueblos de la cordillera hasta llegar a Ushuaia, en la Patagonia argentina y terminar en Buenos Aires.

A pesar de todo el camino recorrido, reconoce que no todo en la vida se puede tener. El apego a la familia, los afectos son sacrificios de su travesía.

“Novias, trato de tener todas las que pueda”, confiesa. Y agrega que sus amigos son también los que conoce y lo esperen en cada destino. .

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