May 21, 2018

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Persisten diferencias entre educación rural y urbana.

Persisten diferencias entre educación rural y urbana.

Entre los muchos desafíos de la educación pública en el país, para lograr una mayor calidad, está ponerle cerrojo a la enorme brecha que se presenta en la formación académica de los docentes que imparten cátedra en el campo con respecto a los que laboran en las ciudades.

Tal situación, y en esto coinciden distintos expertos, termina reflejada en la baja formación de miles de niños de las zonas campesinas.

Carlos Soto Lombana, docente de la Facultad de Educación de la U. de A., considera que Medellín tiene buenos indicadores en educación, y “excelentes estímulos hacia los educadores”. Reconoce que, aunque haya un único estatuto a nivel nacional, la educación rural en Antioquia presenta grandes diferencias con respecto a la de la capital.

Según Soto, muchos profesores en las veredas no tienen título universitario, “se trata de normalistas superiores con ciclos complementarios, pero sin educación profesional, y por esto reciben menos recursos y están limitados para acceder a posgrados y otros beneficios”.

En esta materia las cifras son contundentes. La estrategia de formación de Medellín para docentes cuenta, para este año, con $8.276 millones para invertir en posgrados de sus docentes, según el secretario de Educación, Luis Guillermo Patiño.

Ruralidad

A nivel departamental, 100 profesores han cursado maestrías en la Universidad de Antioquia y participado de 45 jornadas pedagógicas en el último año.

Alcanzar tal honor académico para los docentes del campo es casi un sueño. Ana Harley Palacio, licenciada en Matemática y Física en la vereda El Retiro, de Cocorná, afirmó que no puede acceder a las becas porque “ponen muchos requisitos” que resultan imposibles de cumplir.

“Primero, uno tiene que estar vinculado a la carrera docente, y yo soy provisional; segundo, el docente que acceda a esa beca debe permanecer cuatro años en la misma institución, y si uno no se queda debe devolver el dinero”.

Ana Harley no tiene la seguridad de seguir trabajando por varios años en la institución rural Eva Tulia Quintero, en la que enseña todas las asignaturas a cinco alumnos de décimo y once. Ella está terminando una maestría por la que está pagando 20 millones de pesos, de su bolsillo, y aunque se siente bien preparada en su área, se le dificulta enseñar también inglés, lengua castellana y biología.

“Así uno se prepare y haga el esfuerzo, es una situación difícil para el profesor y para los alumnos, porque no se les da la mejor calidad en todas las materias”.

Persiste la brecha

A diferencia de los maestros de zonas urbanas, algunos docentes que trabajan en veredas de Antioquia, como Ana Harley, deben permanecer en las escuelas día y noche, porque las distancias, el estado de las vías y la falta de transporte les impide regresar diariamente a sus hogares, como sería lo normal.

“Todos los profesores vivimos dentro de la escuela, yo vivo en Medellín, la otra profesora vive en Marinilla, uno no puede salir porque solo hay transporte dos días a la semana y me demoraría casi hora y media saliendo de la vereda”, comentó la docente. Precisó que ese mismo problema lo padecen sus alumnos, quienes en ocasiones prefieren dejar de ir a clase, porque llegan cansados y con hambre.

En las veredas antioqueñas hay profesores normalistas que deben esperar a ganar el concurso de méritos para ser licenciados y aplicar a las becas, explicó Ana.

Carlos Soto enfatizó en que existe una gran brecha entre las condiciones de los maestros urbanos y rurales, para lo cual “se requieren unos 20 años aplicando políticas públicas que equilibren la ciudad con el campo”.

Herramientas para enseñar

Luis Fernando Ospina, integrante de la Asociación de Institutores de Antioquia (Adida), indicó que además de los programas de becas “que son valiosos, pero requieren ampliar el rango de beneficiados”, es necesario solucionar otras problemáticas como los salarios, la infraestructura de las escuelas y la atención en salud.

Ana Harley indicó que la infraestructura de la escuela en la que trabaja no es un problema, porque hace dos años la remodelaron, pero no tienen internet desde hace tres años, cuando estuvieron conectados al mundo web solo por seis meses.

En contraste, Medellín, por ejemplo, hizo la reapertura de la Escuela del Maestro en la comuna 10 de la ciudad y el Centro de Innovación del Maestro (Mova), en la zona norte, que se consolida con 1.821 docentes nuevos en formación continua. “Se hizo una inversión de $30 mil millones en esta estrategia, que en julio estará completamente terminada. Allí podrán acceder profesores para hacer uso de espacios experimentales de formación.

Luis Fernando Ospina, de Adida, valora la creación del Centro de Innovación y la política de querer ampliar la cobertura, “pero se requiere equilibrio y equidad entre la educación urbana y rural, porque Medellín, a diferencia de otros municipios, puede distribuir más recursos cada año para invertir en infraestructura de zonas educativas y culturales”, indicó.

FUENTE EL COLOMBIANO

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