Dic 17, 2014

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Los talibán quieren asesinar a la educación mundial

Una de las peores atrocidades de la guerra yihadista por establecer un Estado islamista y que prueba hasta donde el movimiento puede llevar su demencia por erradas interpretaciones del Corán, la enfrentaron ayer 148 escolares inocentes, masacrados en su escuela de Peshawar, Pakistán, por seis talibanes armados con armas de grueso calibre.

Como quien extirpa el mal, los asesinos dispararon sin piedad y convencidos de que hacían el “bien” a nombre del Profeta contra los niños que buscaban refugio horrorizados. El crimen es otro capítulo de un movimiento que desprecia a todo aquel que no comparta sus ideas como al “infiel” que hay que destruir.

Ese mismo grupo, Movimiento Talibán del Pakistán, fue el responsable del ataque contra Malala Yousafzai, hoy Nobel de Paz 2014, quien fue condenada a muerte por defender el derecho universal de la educación para las niñas.

“Le dieron el premio a Malala como un mensaje dirigido a los radicales en nombre de los laicos y las víctimas de la guerra, en momentos en que toma fuerza la idea de un califato islámico”, decía en octubre Víctor de Currea-Lugo sobre el Nobel de Paz, que recibió la semana pasada la activista pakistaníHoy sus palabras son casi un vaticinio, pues se demuestra que el radicalismo no deja de fortalecerse.

 

 

Las escuelas son el diablo

Tampoco es coincidencia que un ataque sangriento a un colegio se produzca a pocos días de que un símbolo pakistaní de la lucha por la educación de la mujer recibiera el Nobel (10 de diciembre). Las escuelas se han vuelto el foco de ataques fundamentalistas, que las ven como centros en los que se forman personas infieles al Islam.

El Imam Julián Zapata, cofundador del Centro Cultural Islámico, explicó a El Colombiano las contradicciones que mueven a estas sectas extremistas al atacar la educación.

“Es contradictorio que estos grupos salafíes/wahabíes, que dicen defender el Islam contra sus enemigos, ataquen uno de sus pilares más sagrados. Mahoma decía que “si la mujer no tiene educación la sociedad tampoco”. Pues bien, estos salafistas están logrando mantener a la mujer pakistaní en un estado de ignorancia, encerrada y por tanto a casi toda la sociedad, a pesar de la lucha deBenazir Bhutto y de Malala Yousafzai”, denunció.

“Para ellos, además, el Corán es uno y todos los textos que deben ser leídos, por encima de cualquier libro científico. Todos ellos se deben subyugar a lo que diga el Corán y no contradecirlo ni alejarse del mismo. Esto por tanto ha fomentado una sociedad atrasada y subdesarrollada, donde solo un pequeño porcentaje de la población tiene acceso al conocimiento real”, añadió.

Talib, palabra que traduce como “estudiante” y su plural talibán, “estudiantes”, evidencian esa contradicción, pero, a su vez, el foco de este absurdo derramamiento de sangre.

Así lo ve también Andrés Molano, docente de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario: “Los niños de las escuelas son un objetivo privilegiado de los ataques terroristas en Pakistán. De alguna manera tienen un valor simbólico, porque representan el orden social y cultural contra el cuál pugnan los fundamentalistas islámicos”, concluyó.

 

 

Sectas y difícil nación

El Imam Zapata agrega elementos que, considera, agravan la afloración de grupos violentos sin que un Estado como el pakistaní pueda reaccionar a cabalidad, ni siquiera para proteger a sus niños:

“Pakistán es un proyecto político complicado desde sus inicios. Proviene de un entorno multicultural complejo como lo es la India. Además, la democracia ha sido históricamente un desastre y se suceden los regímenes militares, lo que ha reducido libertades religiosas que en un principio había y ha beneficiado a unas pocas sectas, entre ellas los salafíes”, explicó.

“Desde entonces, por ejemplo, ha habido persecuciones (dada presión de los salafíes) contra sectas del Islam que estaban históricamente asentadas en Pakistán, como los ahmadíes, que fueron prohibidos. Por este motivo, el precedente hace que los radicales crean que pueden perseguir y atentar contra todo lo que consideran un credo infiel o contrario al Islam”, agregó.

Maha Mussadaq, periodista pakistaní de The Express Tribune, confirmó a El Colombiano lo expresado por Zapata: “El brutal incidente de ayer es un recordatorio de la falta de voluntad política, algo que ha llevado al fracaso del Estado, ya que no puede asegurarle seguridad a ningún ciudadano”.

“En la actualidad, todos los años hay atentados contra las numerosas sectas que conforman Pakistán, como los chiítas (el país tiene la segunda población mundial de esta doctrina, más de 40 millones). Que un grupo de fanáticos diga que los chiítas no son musulmanes y los ataque, deja ad portas del colapso al país. ¿Qué ha impedido esto? La acción del Partido del Pueblo de Pakistaní, de los Bhutto. Ha sido un catalizador para que esto no ocurra y un defensor de la convivencia. De ahí que su líder fuera asesinada en 2007”, concluyó Zapata.

Para todos los expertos consultados, el seguir promoviendo una educación libre en el país es la vía para luchar contra estas ignorancias. Y aunque en los años recientes se sumen problemáticas que agravan la situación de Pakistán, como el narcotráfico, tantos muertos no pueden ser en vano en una nación que quiere eliminar la intolerancia..

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