Mar 2, 2015

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En Jornada Única, hasta la siesta necesita ajustes

En Jornada Única, hasta la siesta necesita ajustes

La Jornada Única escolar está en plena efervescencia en la Normal Superior de Medellín, donde el programa cubre a 876 alumnos, por ahora de los grados 4 a 9 y en los próximos días abarcará también a los de los grados 9 y 10, para un total de 23 grupos.

Valentina Uribe, de 12 años, grado sexto, mientras saborea su almuerzo, repite que la jornada le parece muy positiva, “porque ya me alcanza más el tiempo para hacer todas las cosas, primero no era capaz”.

El restaurante parece un aula más, hay orden en la disposición de las mesas y aunque los jovencitos van y vienen y el bullicio y las risas se riegan por el lugar, todo está predispuesto para que funcione a la perfección.

“En más o menos una hora tenemos que lograr que 600 alumnos almuercen, tienen 15 minutos y aunque al principio fue difícil el acople, ya todo es como un reloj”, diceGuillermina Zapata, maestra coordinara del restaurante.

Afuera hay fila para ingresar. Antes, el número de chicos que almorzaban era más reducido, ahora con la jornada hasta las 4:00 p.m. son muchos más: “El restaurante lo ampliaron, trajeron silletería nueva, cubiertos, refrigeradores y personal especializado”, añade Juan Carlos Zapata Correa, rector de la institución, ubicada en las entrañas del barrio Villa Hermosa, en la que muchos están buscando cupo.

“Acá se nos desbordó la demanda, pero como nos dotaron con más silletería hemos logrado el tope”, repite el rector. Sostiene que al principio pensaron que iba a haber más deserciones, pero ocurrió al revés: la mayoría se quedaron y llegaron otros. Allí, incluso, desde 2011 se venía implementando en los grados 4 y 5. Ya se arraigó la costumbre.

De sueños y tareas

Son las 2:10 p.m. y en una de las aulas se desarrolla una clase de ética, porque no todo es matemática, ciencias o español. Cada institución acopla su currículo a las metas del programa Jornada Única.

“Les voy a entregar el trabajo de religión calificado, como fue en grupo se lo entrego a uno solo y cada uno lo va leyendo o le saca copia”, dice la maestra María Bermúdez.

“A mí me gusta la Jornada porque aprendo más, claro que después de las 3:00 me da sueño”, comenta Sara Herrera, alumna de octavo con 15 años.

En el pasillo, un niño anda despistado. Y pide que Edwin Montoya, coordinador académico, lo oriente sobre el aula en la que le toca la clase. Edwin o lleva a la de la profesora Luz Estella Mena Ibargüen, que dicta tecnología a alumnos de grado 8. Ella le pide que se siente y sigue con su explicación al resto de alumnos.

“Tienen que resolver esta pregunta: ¿de qué manera las TIC (Tecnologías de la información y la Comunicación) han contribuido a satisfacer las necesidades del hombre?”.

Camila Vega, Valentina Serna y Mateo Erazo, que comparten un computador, dicen que al principio les dio duro la prolongación de la jornada: “Yo ya había estado en primaria, entonces más o menos me adapté”, afirma Camila. Mateo sostiene que le da duro perderse los partidos de las ligas europeas. “Y no nos han cumplido con no poner tareas pa’la casa”, se queja Valentina.

La profe Luz Estella asegura que en la clase no alcanzan a hacer todo: “La jornada en su sentido es buena, pero no debería ser más de lo mismo, sino traer cosas nuevas, maestros nuevos y no nosotros mismos en horas extras, ellos deben sentir el cambio”, dice.

Afuera, en la cancha, Juan Cuartas, de 11 años, juega al fútbol con otros compañeros que, como él, sueñan con ser deportistas de élite.

En donde antes había silencio después de la 1:00 p.m. hoy hay plena actividad escolar. La Jornada Única se está cumpliendo.

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