Ago 13, 2015

Enviado por

Caída de helicóptero en Carepa desató crisis en aviación militar

Caída de helicóptero en Carepa desató crisis en aviación militar

Un árbol de 40 metros de alto y nubarrones a baja altitud habrían provocado la caída del helicóptero Black Hawk, en el que murieron 16 policías la semana pasada, según la teoría del Gobierno y sus nuevos hallazgos.

El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y el director de la Policía, general Rodolfo Palomino, expusieron ayer los más recientes avances de la investigación sobre ese caso, durante un debate en la Comisión Segunda del Senado.

Previamente, los congresistas del Centro Democrático habían expuesto sus argumentos, en los que cuestionaron la hipótesis del accidente y apuntaron a un derribamiento de la aeronave en un acto terrorista. “El Gobierno quiere preservar los diálogos de La Habana, incluso sacrificando la verdad”, expresó el senador Alfredo Rangel.

Villegas se sostuvo en la tesis del evento accidental y precisó que los nuevos indicios fueron aportados por las lecturas preliminares del programa Sky Tracker, uno de los sistemas que se emplean para la aeronavegabilidad.

Palomino indicó que la operación contra la banda “los Urabeños” estaba planeada para el 3 de agosto, pero el mal clima hizo aplazarla para el día siguiente. Los tres helicópteros despegaron a las 6:45 a.m. y ejecutaron la primera parte del operativo (que dejó tres capturados) a las 7:15 a.m.

Tras un reabastecimiento, continuaron en pos del objetivo, Luis Padierna (alias “Inglaterra”), en una zona boscosa de la vereda Polines, en Carepa, Antioquia. A las 8:40 a.m. ocurrió la tragedia.

La hipótesis oficial es que en pleno operativo el cielo se cerró. El piloto trató de maniobrar entre las nubes bajas, buscando un “huequito” como lo llamó el General, un área clara para desembarcar a los Comandos Jungla.

Redujo la velocidad, con tan mala suerte que golpeó la copa de un árbol de 40 metros de altura con el rotor de cola. En ese impacto perdió una pala del rotor, fundamental para la estabilidad y direccionamiento del aparato.

El informe policial apuntó que “una tripulación escuchó la expresión ‘¡uy!’, posiblemente correspondiendo a un hecho súbito”.

Luego hubo otra serie de impactos contra los demás árboles, que produjeron la pérdida de la otra pala trasera, destrucción de la hélice principal y la partida en dos de la aeronave, quedando la cola aparte de la cabina. Para rematar, explotó el arsenal que llevaban los comandos, incinerándolos a ellos y parte del fuselaje.

A las 8:45 a.m., un helicóptero de apoyo reportó al Puesto de Mando: “¡Halcón caído!”.

“Se estrelló a 1.200 metros del sitio donde se pretendía hacer el desembarco”, concluyó Villegas.

En la exposición del Gobierno no quedó claro, según esa hipótesis, cómo fue que sobrevivieron dos personas, mientras las otras 16 murieron quemadas. Para ello será fundamental el testimonio de los sobrevivientes, quienes continúan bajo pronóstico reservado en el hospital Simón Bolívar de Bogotá.

¿Crisis en aviación militar?

En la comisión no solo se trató el tema del Black Hawk, sino que se denunció el alto porcentaje de accidentalidad de las aeronaves militares.

Mauricio Lizcano, del Partido de la U, uno de los citantes al debate, relató que en los últimos seis años acaecieron 26 accidentes (18 de aviones y 8 de helicópteros), que dejaron 67 tripulantes y pasajeros muertos y pérdidas materiales por US600 millones.

Los más afectados fueron los aviones Cessna para vuelos de inteligencia (9 casos), seguidos de los Black Hawk (6) y los Kfir de combate (5).

El otro congresista citante, Iván Cepeda, del Polo Democrático), enfatizó en que muchos de esos incidentes estarían ligados a una costumbre del Estado, en la cual se compran aeronaves de segunda para introducirles modificaciones y repotenciaciones.

Y añadió que, después de esos cambios, que alteran la masa, mecanismos y sistemas del aparato, varios de los accidentados carecían de un Certificado Tipo Complementario, “que se expide para las aeronaves modificadas”.

Por motivos como ese hay 44 procesos de reparación directa contra la Fuerza Aérea y múltiples demandas administrativas.

La senadora conservadora Nidia Osorio dijo que la aviación militar no cuenta con la infraestructura suficiente para atender las necesidades del país, aduciendo que, según la Aerocivil, en Colombia existen apenas 21 radares y que solo cinco son de uso de la Fuerza Pública.

“Los 16 radares civiles atienden 1.000 operaciones diarias de vuelo, y apoyan a su vez a los militares. En 2012 la guerrilla destruyó uno en Cauca, y a la fecha no lo han reemplazado”, acotó.

El general Carlos Bueno, comandante de la Fuerza Aérea (FAC), respondió que la suya fue la primera institución militar en certificar todos sus procesos con el Icontec.

“No necesitamos autorización de las casas fabricantes para hacer las modificaciones, pero esto no se hace a la loca. Tenemos una Dirección de Mantenimiento que revisa y aprueba todas las órdenes de ingeniería”, insistió.

Comentó que la ley facultó a la FAC como autoridad aeronáutica y que tienen convenio con nueve países para capacitarlos. “Somos potencia regional, pero no creemos en lo nuestro. Ya hacemos nuestros propios aviones, como el Calima T-90 para entrenamientos, o los que estamos desarrollando para vuelos no tripulados”.

El general Bueno también se refirió a otro de los aviones de la polémica, el Casa 235 de la FAC, que se cayó en Codazzi (Cesar) el 31 de julio, con saldo de 11 ocupantes muertos.

La hipótesis del Gobierno es que se accidentó por mal tiempo, que generó un engelamiento “que produjo una serie de eventos técnicos y congestión en las decisiones de la tripulación, que perdieron contacto con las torres de control”, señaló el Ministro.

Y el general Bueno agregó que “ponerle las antenas modificadas tomó un año y medio de estudios en tierra, luego se llevó a vuelo con los pilotos de la empresa que proponía las modificaciones. El Mayor que falleció ahí participó en esas pruebas y conoció los cambios”.

FUENTE EL COLOMBIANO

Se ha cerrado los comentarios

Share This