Abr 2, 2018

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Así evolucionó el sistema electoral.

Así evolucionó el sistema electoral.

Al menos tres días permanecía untado de tinta roja el índice derecho de las personas que votaban. Cada ciudadano, desde el plebiscito de 1957 -que buscaba agilizar el paso de la Junta Militar que sucedió a Rojas Pinilla al gobierno democrático- llegaba con la papeleta marcada, el voto venía listo desde la casa. Incluso, a último momento, se entregaban o cambiaban papeletas, a metros de las urnas.

Muchos puestos de votación estaban ubicados en el espacio público, a la intemperie, y un aguacero era suficiente para poner en riesgo la jornada electoral. Así operaba el sistema colombiano hasta los comicios presidenciales de 1990, cuando compitieron 13 candidatos. No existía ni la figura vicepresidencial, ni la segunda vuelta.

Según Jaime Carrión, docente de Sistema Electorales de la U. Nacional, sede Medellín, lo más grave era que el voto no era libre ni secreto, sino que el sistema dejaba abierta la puerta al fraude, dado que la papeleta se manipulaba desde la calle. “Lo de la tinta era la señal para los dirigentes de los partidos de que el ciudadano ya había sufragado, lo que se prestaba, incluso, para controles indebidos”.

La apertura política

A partir de la Constitución de 1991 todo cambió, con la ilusión de que se mejoraría la transparencia y, aunque hubo avances, también aparecieron otros problemas que aún están por resolverse.

Ante la apertura política que trajo la nueva Carta y la superación del bipartidismo histórico, en las presidenciales de 1994 hubo un récord de 18 fórmulas presidenciales, la mayoría por nuevos partidos y movimientos políticos. Se estrenó la segunda vuelta con Ernesto Samper y Andrés Pastrana.

Cuatro años después bajó el número de candidatos, fueron 13 en total. En 2002 cayó a 11 y, en 2006, ante el estreno de la reelección, que ponía desventaja a los demás competidores, pese a la aprobación de la Ley de Garantías, solo se presentaron 7 llaves presidenciales.

En 2010, ya sin el efecto de la reelección, subió el número de aspirantes, hubo 9 en total. En la tarjeta estuvieron caras conocidas que hoy se disputan su llegada a la Casa de Nariño como Germán Vargas y Gustavo Petro, entonces fueron fórmulas vicepresidenciales Clara López y Sergio Fajardo.

En 2014, en el último ensayo reeleccionista, se presentó otro récord, pero esta vez del menor número de candidatos: solo 5, mientras que para estas elecciones son 8 los que aún están en carrera, aunque la tarjeta electoral es modificable hasta el próximo 27 de abril, un mes antes de los comicios.

Los avances legislativos

En 2003, con el Acto Legislativo 01, se establecieron las listas únicas de candidatos por partidos para cargos plurinominales (concejos y asambleas), lo que conllevó una mejor organización en la forma como las colectividades presentaban sus candidatos.

De igual manera, se estableció la opción del voto preferente, dejando las listas desbloqueadas, lo que intentó democratizar la vida política en los partidos y acabar con “la dictadura del bolígrafo”, pretendiendo llevar más poder decisorio al ciudadano.

No obstante, la Misión Especial Electoral (MEE), creada con la firma del Acuerdo, recomendó volver a las listas cerradas, para evitar la compra de votos. Sin embargo, con el hundimiento de la reforma política en noviembre del año pasado, ese proyecto se postergó.

Juan Carlos Ruiz, doctor en Ciencia Política de la U. de Oxford (Inglaterra), precisó que lo más trascendental fueron las reformas de 2003 y 2009 con el umbral y la aplicación del método d’Hondts, que permite repartir curules sin que sea del todo proporcional.

Para Ólmer Muñoz, docente de Ciencia Política de la U. Pontificia Bolivariana, hay avances positivos, debido a que abrió la posibilidad de votar no solo por dos partidos tradicionales. “A pesar de que todavía se debe ajustar el sistema, ha permitido cierto clima de legitimidad”.

Entre las cosas que no funcional del todo bien, Carrión explicó que la cifra repartidora, combinada con un umbral tal como existe hoy día, ha sido un obstáculo para que las minorías políticas obtengan representación.

Pese a los problemas de fraude electoral y corrupción que siguen vigentes, no se puede decir que todo pasado fue mejor. Hoy hay un sistema electoral superior, pero clama ajustes y controles.

FUENTE EL COLOMBIANO.

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