Alonso Salazar no se traga la fórmula de los Federicos

Un testigo presencial cuenta que en la primera semana de diciembre de 2014, el gobernador Sergio Fajardo Valderrama tuvo una cena privada con 20 empresarios de Medellín, entre los que se destacaban los más representativos del llamado Sindicato Antioqueño. Su expresión “voy con los dos Federicos” se convirtió en el plato fuerte de la velada, pues significaba que el movimiento político que lidera respaldaría como fórmula para la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia a Federico Gutiérrez Zuluaga y a Federico Restrepo Posada, respectivamente.

Los hombres de negocios acogieron a los elegidos y mostraron su disposición a respaldar económicamente sus campañas. Como en la reunión no estuvo Alonso Salazar Jaramillo -exalcalde de Medellín a quien muchos ven como el mentor político de Fajardo y el segundo a bordo en su movimiento- un empresario fue comisionado para enterarlo de la decisión.

Salazar no ocultó la molestia que le produjo la noticia. Al “cacao” antioqueño le dijo que no comulgaba con Federico Gutiérrez en esa fórmula y que, en consecuencia, él buscaría otros escenarios políticos. El empresario le manifestó a este diario que el exalcalde de la capital antioqueña reconoce al exconcejal Gutiérrez como una persona íntegra, de la que no tiene dudas sobre su moralidad y transparencia; sin embargo, no se lo traga por el hecho de que “él denigró de mi administración”.

De público conocimiento es que Gutiérrez fue como concejal de Medellín un severo crítico de la gestión de Alonso, especialmente en temas como la seguridad y el Metroplús. El tono de sus reparos subió en 2011, cuando de la mano del Partido de la U aspiró a la Alcaldía de Medellín y, como dice el empresario consultado, en esa cacería de votos “le tiró injustamente a Alonso”.

Lo que pocos saben es que parte de las denuncias que Gutiérrez hizo sobre la inseguridad en Medellín durante su labor proselitista, las repitió luego en la Procuraduría por petición de cercanos a Salazar, a quien el Ministerio Público investigó y sancionó por su presunta participación en política y por influir en procesos electorales, y de los que al final fue librado por sentencia del Consejo de Estado.

En el fondo, la distancia entre ambos personajes nace de la baja tolerancia del exalcalde a las críticas, una debilidad que llama la atención si se considera que él, como crítico, es implacable. Para la muestra está la brecha que se abrió entre él y el actual alcalde, Aníbal Gaviria Correa, a quien apoyó en las pasadas elecciones, cuando este último hizo una llave electoral con Sergio Fajardo.

Poca luna y miel tuvo esa alianza, al menos para el exalcalde Salazar, quien en declaraciones a la revista Semana, el 17 de agosto de 2013, afirmó, en plural: “nosotros teníamos una percepción muy positiva de la Gobernación que había hecho Aníbal Gaviria, pero francamente a estas alturas estoy bastante decepcionado de lo que ha hecho en la Alcaldía de Medellín. Había podido construir sobre lo construido y no sé si es por ineficiencia o porque quiere borrar un poco nuestra huella que se le perdió el rumbo”.

Los bandazos

Salazar ha sorprendido con sus cambiantes decisiones. Su primer escenario, dicho por él mismo, era que luego de su agitado paso por el sector público se refugiaría en su oficio de escritor y periodista.

Luego, para invertir su capital político manejó como segundo escenario el aliento de la candidatura a la Alcaldía de Medellín de Claudia Restrepo Montoya. Ella fue su secretaria privada y en la era de Aníbal Gaviria brilló como vicealcaldesa de Educación y, sobre todo, por el apoyo que les brindó a las víctimas de la tragedia del edificio Space. En octubre de 2014 ella se bajó de la nómina oficial y se montó en el sueño de Salazar.

Pero vino el tercer escenario. En una reunión celebrada el 25 de enero de 2015, un centenar de militantes de Compromiso Ciudadano convirtieron al autor de “No nacimos pa’ semilla” y “La parábola de Pablo” en aspirante a la Alcaldía de Medellín. Acto seguido, Alonso le pidió a Claudia Restrepo, vía Twitter, que fuera su jefe de campaña, una incómoda situación que la exfuncionaria sorteó con elegancia y que rechazó con el anuncio de que seguiría adelante como candidata.

Esa determinación de Alonso provocó mucho ruido entre quienes, en 1999, le dieron vida a Compromiso Ciudadano. Este no es un partido político. Es un movimiento sin personería jurídica al que el propio Fajardo le expidió en 2010 un acta de defunción, antes de irse a sellar una alianza con el Partido Verde, en el que fue fórmula vicepresidencial de Antanas Mockus. La diáspora de seguidores no se hizo esperar. Hubo quienes se volvieron independientes, mientras que otros aterrizaron en los Verdes y en la Alianza Social Independiente (ASI).

Alonso revive y usa ahora una marca que es “propiedad” de tres, lo cual también es fuente de malestar. Los otros “copropietarios” o cofundadores de Compromiso Ciudadano son Fajardo y Luis Bernardo Vélez Montoya, quien decidió cerrar su ciclo en el Concejo local y ahora, apoyado por la ASI, también quiere llegar al piso 12 de la Alcaldía.

Aunque sus seguidores lo definen más como una forma de hacer política, lo cierto del caso es que, en manos de Alonso, Compromiso Ciudadano revive como lo que siempre ha sido: un movimiento sin estructura, sin organización, que solo vuelve a la escena para capturar sufragios.

De ahí la improvisación de Salazar al iniciar su maratón electoral. Él mismo, en redes sociales, habla de “una campaña bien barata”, sin sedes de cinco o más millones de pesos, sin pagar espacios de radio y televisión y con muchas subidas y bajadas por las calles de Medellín, como antes lo hizo de la mano de Lina Moreno de Uribe, una de las más fieles representantes del uribismo, movimiento por el que, ahora, Alonso también muestra su alergia.

A pesar de que Salazar luce complejo, emotivo, apasionado y visceral en materia política, representantes del empresariado antioqueño le han pedido que piense en la ciudad y reconsidere su posición frente a Federico Gutiérrez. No obstante, respetan la libertad que tiene para avanzar en su campaña y, de hecho, están dispuestos a apoyarlo económicamente. Con una salvedad: las compañías repartirán por igual los aportes a la democracia, como suelen calificarse. Sin embargo, sus administradores, como simples ciudadanos que también son, contribuirán con parte de su patrimonio a los candidatos de su preferencia. Para buen entendedor, pocas palabras. La bolsa de “los Federicos” pinta más generosa.

En fuentes de “los Federicos” hay tranquilidad frente a la competencia que ha montado Alonso y dan por hecho que, por su talante, él se hará contar en las elecciones del 25 de octubre de 2015. ¿Pensará lo mismo Salazar?.

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