sep 11, 2017

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La Florida, en vela por una catástrofe descomunal.

La Florida, en vela por una catástrofe descomunal.

Tras dejar una treintena de muertos en el Caribe y arrasar las islas de Barbuda y San Martín, el huracán Irma, el más potente en el Atlántico desde que hay registros, continúa hoy por territorio continental de La Florida, en Estados Unidos.

Aunque en la tarde se redujo a categoría 2, cuando en los últimos seis días fluctuó entre los niveles 4 y 5 (los máximos), el presidente Donald Trump declaró el estado de catástrofe natural, lo que permitirá destinar millonarios recursos para atender esta emergencia, que las autoridades ya llaman “crisis humanitaria”.

De acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes, los efectos se sentirían por varias horas en forma de inundaciones, subida del nivel del mar y vientos de 215 kilómetros por hora o superiores.

Si bien se esperaba que Miami recibiera el choque directo de Irma, en la noche del sábado el fenómeno se desvió hacia la costa oeste de La Florida, donde 1,5 millones de hogares dejaron de recibir electricidad y tres personas perdieron la vida en medio de accidentes de tráfico.

Si persiste en su nuevo curso, a la media noche de hoy las principales ciudades de ese costado del estado (Naples, Fort Myers y Tampa) habrían sido impactadas por el ojo del huracán, que seguiría este lunes con destino al Georgia e iría dispersándose durante esta semana.

Pese al descenso en la categoría del huracán, el Servicio Meteorológico de Estados Unidos advirtió que el verdadero peligro de Irma es la marea de tormenta, un aumento repentino del nivel del mar que cae como una pared de agua sobre la costa y que podría alcanzar los 4,5 metros de altura, con extensas inundaciones.

Siendo así, el riesgo se mantiene. De acuerdo con Juan Carlos Ortiz Royero, investigador del departamento de Física y Geociencia de la Universidad del Norte y experto en huracanes, estamos frente a uno de los eventos naturales con mayores hitos de la historia.

Irma es el huracán que durante más tiempo ha sido categoría 5 desde que se tiene registro, con vientos de hasta 295 kilómetros por hora (la velocidad con la que compiten los autos de la fórmula 1). También es la primera vez que tres huracanes importantes coinciden tan cerca el uno del otro en el Océano Atlántico y el Golfo de México (Irma, José y Katia).

En estas condiciones, y teniendo en cuenta que un huracán es “la geoamenaza más letal y devastadora del planeta Tierra” (porque impacta con viento, aumento del nivel del mar, precipitaciones y deslizamientos de tierra), Ortiz no descarta que hoy La Florida despierte con un escenario no muy distinto al de Katrina en 2008, un huracán de categoría 5 que dejó 1.800 víctimas.

De todas formas, advierte, el comportamiento del fenómeno no es del todo predecible y Estados Unidos tiene protocolos robustos para este tipo de emergencias.

Colombianos aguardan

Solo en Miami, a donde el huracán iba a llegar de frente antes de cambiar de rumbo a la costa oeste de La Florida, residen 230.000 colombianos. Aquiles D’León, antioqueño en el área de West Chester, a 15 minutos de la costa, decidió no evacuar. Su casa es de bloque, y se siente a salvo. Además, la blindó con paneles de metal a la medida de las puertas y ventanas.

En la tarde del domingo, antes de que el huracán Irma arribara, estaba a oscuras y miraba, por una ranura que dejaron los paneles, cómo los fuertes vientos arrastraban agua y vegetación.

Entre mensajes intermitentes por el deterioro de la señal, D´León cuenta que guardó los objetos que puedan ser proyectiles y cree tener suficientes reservas de agua y alimentos no perecederos para una semana. Un generador eléctrico le permite tener, al menos, el celular cargado para comunicarse con el resto de la familia y tener acceso a noticias. Si bien Irma bajó de categoría en la tarde, es consciente de que “hay que esperar lo peor”.

Óscar Monsalve, colombiano en Tampa, la zona cero del huracán, está más tranquilo. En esa ciudad, donde se esperaba el impacto de Irma entre las 12 de la noche y las 2 de la madrugada de hoy la zona costera fue evacuada por completo. “Uno se prepara aquí en la casa con comida no refrigerada y comestibles. Se sienten las ráfagas de viento, pero aún no se ha ido la luz”, relata, y añade que, como la mayoría de sus vecinos, no instaló protección en la vivienda, porque “confía en Dios”.

En cambio, mientras pasa el toque de queda en un hogar de ancianos en Sarasota, Florida, Ánderson Guzmán, colombiano en Estados Unidos desde 1984, teme llegar hoy a su casa y encontrarla destruida o inundada. Sabe que las probabilidades de que así sea son altas, aunque haya instalado placas de metal en puertas y ventanas y haya dispuesto bultos de arena detrás de cada rendija.

Justo después de que Irma pase hoy a la media noche por Naples (a donde el ojo del huracán se posará primero), el fenómeno continuará por Sarasota con una fuerza no muy distinta, según el Centro Nacional de Huracanes de EE. UU. Al efecto esperado de los fuertes vientos y lluvias, y de probables tornados, se suma que la casa de este antioqueño está a solo cinco cuadras del río Manatí y detrás de un lago.

Con temor recuerda el paso del huracán Charley en 2004, que iba directo hacia Sarasota (costa oeste de ese estado) y lo hizo escapar con su familia a Orlando (este), a donde el fenómeno terminó desviándose y provocando cuatro muertes y cuantiosos daños. “Salir al otro día del refugio fue como si un efecto dominó hubiera pasado por encima, y no era de la magnitud de Irma”, cuenta.

Por eso, previendo los daños, el viernes decidió llevar a sus cuatro hijos a Georgia, donde tiene familia. El viaje, que por lo general es de cuatro horas, duró siete, y solo a medio camino, donde los familiares las recibieron y continuaron un recorrido de 12 horas entre interminables filas de autos que también buscaban salir de La Florida.

Ánderson regresó a Sarasota, donde el agua embotellada y el gas propano para cocinar escasearon desde hace seis días. Volvió por amor, porque su esposa, que es directora de asistencia social en un hogar de ancianos, no podía dejar solos a los 120 adultos mayores que allá residen.

En el lugar se encuentran los empleados, sus familias y 30 ancianos más de otro centro en Naples que estaba en zona roja de riesgo. “Nos acomodamos en los corredores. Trajimos colchones inflables, nuestros documentos, agua y alimentos. Apenas lo necesario. Lo demás, los muebles, lo secundario, todo eso probablemente quede inservible”, relata, mientras algunos adultos con demencia que no comprenden lo que zumba afuera insisten en desbloquear las puertas para salir a fumar.

FUENTE EL COLOMBIANO.

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